
Onofre fue un varón de obras admirables y encarecido en la vida eremítica del desierto.Moraba en un monasterio en Abage,llamado Eremopolites,donde cien monjes (100),verdaderos siervos del Señor,poblaban sus claustros,cuando el deseo de mayor perfección le movió a dejar el convento y vivir en el desierto,a imitación del profeta Elías y San Juan Bautista.Toma,pues,las provisiones necesarias para el camino,puesta su confianza en Dios;sale del monasterio y entra en el desierto.Guiado por una luz celestial,se internó en aquella soledad venciendo obstáculos y quebrantado de fatiga,cuando había caminado unas siete (7) millas,llego a una cabaña cuya puerta estaba cerrada.Onofre llama y un venerable ermitaño de larga y canosa barba,aparece al instante ante su vista.El joven monje de Tebas cae a sus pies penetrado de admiración; el santo anciano levantándole le dijo:"Te aguardaba,Onofre,que...como ves,sabia de antemano tu nombre;ni me son desconocidos tus deseos,ni ignoro para lo que el cielo te reserva:persevera,pues,hijo,en tu propósito y entra en mi choza a descansar algunos días."Durante la estancia de Onofre al lado del santo ermitaño,este le instruyó en las reglas que debia observar y cuando lo creyo conveniente,lo llevó a un paraje que estaba cuatro (4) días mas adentro del desierto,donde hallaron una palmera que daba sombra y frescura a una pequeña choza.Y dijo:"-Este es el lugar que Dios te señala." Allí se quedó Onofre, visitando, una vez al año, a su guía y maestro. Treinta (30) años después el Señor llamó a su gloria a aquel venerable ermitaño y Onofre acudió a su choza a tributarle los últimos deberes. La vida de este santo ermitaño en el desierto era tan austera que excede a toda descripción. Desnudos sus miembros, ora tiritando de frío, ora abrasándose bajo los rayos de un sol inclemente, tan pronto devorado por el hambre como pronto a perecer de sed y cansancio, nunca decayó el ánimo de Onofre, ni fue menos su viva confianza en el Todopoderoso.Sus austeridades y su larga y continua oración aumentaban todavía más las penalidades de una vida que sólo pueden sobrellevar esos grandes hombres "que se ofrecen como víctimas expiatorias del género humano".El Señor lanzó una mirada de compasión sobre este digno siervo y viniendo en su ayuda, mandó que la palma produjese los dátiles necesarios para su sustento y que un ángel depositara en la pobre choza de Onofre el pan y el agua cotidianos. Tan visible misericordia del Señor empeño a Onofre a proseguir, con mayor fervor, su carrera de mortificación y redoblando las penitencias y consagrando los días y las noches a la oración y meditación de las bondades celestiales, probó al Señor cuánta era la gratitud de su alma y el ardiente deseo de caminar siguiendo las huellas del Redentor del género humano.Después de sesenta(60) años de una vida penitente, sin comunicación alguna con ningún hombre ,entregado enteramente al Señor ,retirado del mundo y de sus cosas, vio un día Onofre a un varón respetable que estaba a cierta distancia postrado de fatiga.Acércase a él con paso presuroso,mas el aspecto salvaje que le daban su desnudez y sus maceraciones infundieron tal temor en Pafnufio,que así se llamaba el recién llegado,que huyó a lo alto de una colina.Onofre le sigue hasta la falda del monte y ,tranquilizándole,en altas voces,acerca de su presencia,le exhorta a que deponga su temor y baje al llano.Pafnufio accede,al fin,a los ruegos del ermitaño y juntos se dirigen a la cabaña de éste,donde hallan preparada la comida milagrosa debajo de la palmera.Allí le cuenta Onofre toda su vida,los grandes beneficios que había recibido del Señor y el modo como había pasado más de medio siglo en el desierto.
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